Grabado en blanco y negro de Hendrik Goltzius que representa al héroe mitológico Cadmo sembrando los dientes del dragón. En un paisaje boscoso, la diosa Minerva observa desde el aire mientras guerreros armados brotan de la tierra y luchan entre sí

La maldición de Minerva

“¡Mortal!” – así fue que ella habló - “este rubor de vergüenza
te proclama como británico, antaño un noble nombre;
el primero de los poderosos, el principal de los libres,
ahora el menos honrado por todos, y menos por mí;
jefe de vuestros enemigos encontrarás todavía a Palas.
¿Buscáis la causa de la aversión? – Mirad alrededor.
¡Atiende! Aquí, a pesar de la guerra y del fuego devastador,
vi sucesivas tiranías acabar.
Habiendo escapado de la rabia de los turcos y godos,
tu país envía un usurpador peor que los otros dos.
Observa este vacío, violado templo;
cuenta las reliquias rotas que todavía quedan:
Éstas puestas por Cécrope, ésta adornada por Pericles,
¿de qué otra manera debo manifestar mi gratitud?
Sabes, Alarico y Elgin hicieron el resto.
Que todos puedan saber de dónde viene la devastación,
el insultado muro soporta su odiado nombre.
Que sean siempre saludados aquí con los mismos honores
el monarca godo y su igual Elgin:
Las armas dieron al primero su derecho, el último no tenía ninguno,
Pero vilmente robó aquello que los menos bárbaros ganaron.
Así que cuando el león deja su comida
El siguiente en rondarla es el lobo, y el sucio chacal el último;
Algún tranquilo espectador, al ver el entorno,
en indignación silenciosa, mezclada con dolor,
admira el pillaje, pero aborrece al ladrón. La maldición de Minerva, 17 de marzo de 1811, Atenas

Fuentes:

Nota:

  • La maldición de Elgin: Podríamos decir que realmente Elgin fue víctima de una maldición en los años posteriores al saqueo del Partenón:
    Gastó una considerable suma de dinero y recursos en el traslado de los mármoles, lo que le llevó a la quiebra, viéndose obligado a vender finalmente los mármoles al gobierno por un precio irrisorio. Uno de los barcos fletados para trasladar parte de su botín, naufragó lo que supuso una pérdida incalculable. Finalmente fue arrestado y encarcelado en Francia, uno de sus hijos falleció, y su esposa lo abandonó por un amante.
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Escrito por Lady Allegra

Devota enamorada de Byron, camino en la belleza del XIX, del gótico y del Romanticismo.