Fotograma de Remando al viento con los dos poetas en una barco destrozado por la tormenta y el Castillo de Chillon al fondo.

Diario: 15 de mayo de 1819

Una vez estaba conmigo en medio de un vendaval en una pequeña embarcación justo al borde de las rocas que hay entre Meillerie y St. Gingo. Éramos cinco en la barca: un criado, dos barqueros y nosotros. La Vela se había soltado y la barca se iba llenando de agua muy de prisa. Shelley no sabe nadar.

Me quité la chaqueta, hice que él se quitara la suya y que cogiera un remo y le dije que creía (ya que soy un experto nadador) que podía salvarlo si no forcejeaba cuando lo agarrara, a menos que nos aplastáramos contra las rocas, que eran altas y afiladas y en aquel momento estaban cubiertas de una violenta espuma; estábamos a unas cien yardas de la orilla y la barca en peligro.

Me respondió con la mayor sangre fría «que no tenía la menor intención de ser salvado, que yo ya tenía bastante con salvarme a mí mismo, y que no quería molestarme» Por fortuna la barca se enderezó y achicando el agua doblamos un promontorio y entramos en St. Gingo, donde los habitantes bajaron a abrazar a los marineros por haber escapado con bien, ya que el viento había soplado de tal modo que arrancó algunos árboles grandes de los Alpes, como pudimos ver al día siguiente.

Y sin embargo ese mismo Shelley que estaba absolutamente tranquilo en semejantes circunstancias (sobre las cuales no puedo juzgar, ya que la posibilidad de nadar infunde serenidad cuando la costa está cerca) tuvo ciertamente el arrebato de fantasía 1 que describe P[olidori], aunque no exactamente como él lo describe. Carta a John Murray, Venecia

Tres años después del famoso año sin verano, Byron rememora en una carta a su editor John Murray una de las anécdotas que sucedieron en esos mágicos e irrepetibles días y que podían haber desembocado en una absoluta tragedia. En la icónica y soberbia película española “Remando al viento”, el gran Gonzalo Suárez nos relata magistralmente esta escena y no puedo por menos que usar algunas de esas imágenes tan realistas y potentes para ilustrar este post. Pero dejemos que sea André Maurois el que nos introduzca a sus protagonistas, deleitándonos con su visión del momento en su biografía de Percy B. Shelley, Ariel o la vida de Shelley.

“Shelley y Byron hicieron juntos una peregrinación literaria en torno al lago. Visitaron los lugares donde Rousseau había colocado la acción de la Nouvelle Héloise; Clarens, «el dulce Clarens, cuna de todo amor verdaderamente apasionado»; el Lausanne de Gibbon, el Ferney de Voltaire. Shelley comunicó su entusiasmo a Byron, el cual escribió bajo aquella influencia algunos de sus más hermosos versos.”

La relación entre los poetas hacía que su inspiración se retroalimentara y se magnificara en ambos sentidos, amplificándose en el majestuoso marco natural donde se encontraban. Esos días propiciaron no sólo los famosos monstruos de Villa Diodati, sino que también vieron la luz poemas tan soberbios y oscuros como Darkness de Byron o Himno a la belleza intelectual, uno de los más bellos poemas de amor de Shelley.

Navegaban entusiasmados por la orilla sur del lago siguiendo su ruta literaria, cuando les sorprendió una brava y violenta tormenta. La barca comenzó a llenarse de agua en una zona rodeada de rocas donde la integridad de la embarcación se veía comprometida por momentos. Byron, conocedor de que su joven nuevo amigo poeta no sabía nadar, le advirtió que le podría salvar siempre y cuando le dejara hacer a él.

Lord Byron discute chillando y señalándole con el dedo a un Shelley a la derecha de la imagen de perfil. Se encuentran en una barca a punto de naufragar, mojados en medio de una tormenta
Fotograma de Remando al viento con los dos poetas discutiendo por sus vidas en el barco a punto de zozobrar

Shelley, lejos de aceptar la única ayuda que le prestaba su amigo que era un excelente nadador aún con su cojera, se obstinó en quedarse en la embarcación de brazos cruzados. Mientras Byron se despojaba de su chaqueta, y veía la inacción del joven poeta, comprendió que su amigo era mucho más que obstinado y como Byron no podía dejar de ser Byron, decidió quedarse junto a él, sin intentar salvar su vida del que parecía un inevitable naufragio.

En un giro afortunado de los hechos, la embarcación se enderezó y pudo continuar su camino, mientras que sus ocupantes achicaban el agua como podían para poder arribar en tierra. Finalmente todos ellos llegaron sanos y salvos a la localidad ribereña de St. Gingo donde los lugareños se acercaron a celebrar la llegada de esos hombres que habían evitado por muy poco a la muerte.

La providencia o la magia de esos días evitaron la inconsolable y trágica pérdida que pudo haber sido que los poetas no hubieran sobrevivido a la tormenta. Esa tarde que terminó de una feliz manera, con el tiempo se convirtió en el más triste de los presagios cumpliéndose tres años después para uno de ellos: Shelley encontró y abrazó la muerte en el naufragio de su navío Don Juan en la costa de Lerici, Italia, en 1822.

Fuentes:

  • Fotogramas de la película Remando al viento, Gonzalo Suárez, 1988
  • Débil es la Carne, Correspondencia veneciana (1816 - 1819) Selección de Jaime Gil de Biedma. Edición, traducción y prólogo de Eduardo Mendoza. Tusquest Editores, 1999
  • Ariel o la vida de Shelley, por André Maurois. Círculo de lectores, 1965
  • Lord Byron, por André Maurois. Colección Aguilar Maior, 1988
Avatar de Lady Allegra

Escrito por Lady Allegra

Devota enamorada de Byron, camino en la belleza del XIX, del gótico y del Romanticismo.