Diario: 24 de febrero de 1817
De mí poco puedo contar que no sea rutinario, excepto que hace cosa de un mes hubo una batalla en mi habitación entre dos damiselas que acabó con la fuga de una y el ataque de nervios de la otra, tras el reparto de unos dieciséis bofetones — más uno o dos que me llevé yo al tratar de separarlas. Ganó mi mujercita. Eran cuñadas y todo sucedió tan de prisa que apenas tuve tiempo de inmiscuirme. Pero hubo abundancia de agua de Colonia y plumas quemadas y todo el aparato propio de un desvanecimiento — hasta que las aguas volvieron a su cauce. La causa fue que una descubrió a la otra en un lugar y posición que a todas luces no le correspondían. La asaltante estaba al acecho e hizo su aparición cuando nadie la esperaba ni, a decir verdad, la deseaba. Carta a Douglas Kinnaird, Venecia.
Una de las anécdotas más famosas que siguen alimentando el halo de irresistible conquistador sucedió en Venecia, donde había conocido a Marianna Segati. Byron es una buena fuente de la información que nos ha llegado sobre la joven Marianna, una de las más célebres amantes de Byron.
Se habían conocido unos meses antes, cuando el poeta llegó por primera vez a Venecia. Ella tenía unos 22 años y estaba casada con Pietro Segati, un comerciante textil de la zona. Se conocían porque Pietro fue el primer casero de su vivienda en la calle Frezzaria. En aquella época era muy común que la mujer casada tomara amantes fuera del matrimonio, y en la mayoría de ocasiones era consentido por el marido.
El 28 de enero de 1817 le relata a su amigo y poeta Thomas Moore en una carta esta anécdota tan conocida. Byron estaba realmente fascinado y embrujado por sus ojos, llegando incluso a decir que estaba enamorado de ella.
Marianna (así se llama)' parece realmente un antílope. Tiene los ojos orientales, grandes y negros, con esa expresión peculiar que rara vez se encuentra entre las europeas - incluso entre las italianas - y que las turcas consiguen aplicándose un tinte a los párpados: una técnica desconocida fuera de ese país, según creo. En ella esta expresión es natural y algo más que eso. En resumen, que no puedo describir el efecto que producen estos ojos, al menos el que me producen a mí. Sus rasgos son regulares, y algo aquilinos, tiene la boca pequeña, la piel clara y suave, con una leve palidez, la frente notablemente bella, el pelo tiene un brillo oscuro, es rizado y del mismo color que el de Lady Jersey, su figura es ligera y graciosa, y es una excelente cantante, dicho en términos científicos; su voz normal (es decir, en la conversación) es muy dulce y el candor del dialecto veneciano siempre es grato en boca de una mujer. Lord Byron, 17 de noviembre de 1816
Byron recibe una carta en la que le conmina a encontrarse con su autora en una góndola o en la isla de San Lázaro. En vez de seguir las instrucciones de la desconocida, Byron decide responder en otra misiva que la esperará en su vivienda.
A la hora convenida, se abrió la puerta de su apartamento apareciendo una joven rubia que decía ser la cuñada de Marianna, pidiendo tener simplemente unas palabras con él. Comenzaron a hablar en una mezcla entre italiano y romaní, según las propias palabras de Byron, y sin previo aviso, Marianna entró en los aposentos. Haciéndoles una reverencia muy educada a los dos presentes, consiguió agarrar de los pelos a su cuñada mientras las bofetadas se sucedían a diestro y siniestro.
La joven agredida consiguió escapar de la furia de Marianna mientras Byron intentaba más tarde calmarla infructuosamente con diferentes líquidos, entre ellos vinagre o agua de colonia. Por fin la medianoche trajo la tranquilidad ansiada a la habitación de Byron.
Tranquilidad que se vio alterada al hacer su aparición el marido. Pietro se encuentra a su mujer desmayada mientras se pregunta en alto: ¿qué significa todo esto? Lo que parecía que iba a terminar en tragedia, acaba con un Byron que simplemente se fue a la cama sin más. El día siguiente comenzó como si nada hubiera sucedido entre los protagonistas, excepto que se convirtieron en la comidilla de toda Venecia.
Fuentes:
- Débil es la Carne, Correspondencia veneciana (1816 - 1819) Selección de Jaime Gil de Biedma. Edición, traducción y prólogo de Eduardo Mendoza. Tusquest Editores, 1999
- Byron y Marianna , por William Drummond