Cuadro con Lady Oxford con un vestido blanco de gasa, abrazando a una de sus hijas, casi desnuda pero estratégicamente tapada con una gasa blanca, en una habitación con cortinajes rojos.

Diario: 6 de marzo de 1814

Invitado a acudir mañana por la tarde a casa de lady Keith: creo que iré, pero es la primera invitación a una fiesta que acepto esta “temporada”, como el docto Fletcher la llamó cuando la mocosa más pequeña de lady Oxford me abrió el ojo y la mejilla con un guijarro mal dirigido: “No importa, mylord, la cicatriz habrá desaparecido antes de la temporada”. Como si el ojo de uno, entretanto, no importase. Lord Byron, Diario de Londres

La temporada ( Season) era mucho más que un evento social de la Regencia inglesa. La vida giraba en torno a esos bailes y celebraciones donde cada mínimo detalle estaba totalmente planificado. Todos tenemos en mente esos salones de baile iluminados por decenas de velas, donde los invitados bailaban al son de la música en grupos de danzarines rodando por el centro del salón. El resto de invitados hacían corrillos para comentar la última noticia, mientras que las jóvenes damas se sentaban esperando a que algún apuesto caballero las sacara a bailar.

Grabado en blanco y negro que muestra una escena típica de un baile de la Regencia inglesa.
Representación de un típico baile de la alta sociedad en la Regencia inglesa.

Para conocer de primera mano cómo eran esos eventos y la vida de la Regencia en general, contamos con las imprescindibles novelas de Jane Austen , magistral escritora que refleja fielmente y con una ironía y humor únicos, la relevancia personal y social que tenían esos encuentros en la sociedad inglesa. El éxito social se demostraba acudiendo a los eventos más populares y exclusivos del momento y si por el contrario, nunca llegaba esa deseada invitación, era casi una derrota social. Las jóvenes en ocasiones aprovechaban para su presentación en la sociedad, brillando con su juventud y sus mejores vestidos para deslumbrar a los allí presentes.

Byron no necesitaba de ropajes fastuosos ni accesorios extravagantes, ya brillaba con una enigmática luz propia cuando hacía su aparición. Era toda una celebridad después del éxito en ventas que tuvo su poema “El Corsario”. En parte autobiográfico y probablemente basado en la figura de su abuelo el vicealmirante John Byron, dio a conocer esa personalidad tan arrolladora e irresistible que era la de Byron.

Puede que en uno de esos bailes conociera en 1812 a lady Oxford. Jane Harley, que era 14 años mayor que Byron, ya había sido anteriormente una de sus más famosas amantes. Amiga de la Princesa de Gales, lady Oxford estaba casada con el conde de Oxford, formando parte de la alta aristocracia londinense. Fue famosa por sus numerosos embarazos, los cuales no siempre contaban con la certeza en la paternidad.

Una de sus hijas es la protagonista de un suceso por fortuna sin consecuencias duraderas para nuestro querido poeta. La más pequeña de su progenie lanzó un guijarro con tanta puntería que le rozó el ojo y la mejilla al poeta justo antes de que comenzara la temporada. La niña lejos de pedir perdón al lord, se encargó de recordarle que la cicatriz desaparecería antes de sus encuentros sociales. Con su característico humor y sarcasmo, Byron evidencia en su diario la importancia de lo banal y de la apariencia, que se representa en forma de cicatriz, mientras que lo importante de verdad, lo interior, con su ojo como metáfora, pasa a un segundo y olvidado plano.

Apenas hemos progresado como sociedad si dos siglos después, seguimos siendo prisioneros de la apariencia física. Vivimos en un mundo de puro postureo, donde todo se finge aunque sea falso, mientras dejamos de lado el cultivo del intelecto, que es lo que realmente define la esencia de una persona y la hace valiosa.

Fuentes:

Avatar de Lady Allegra

Escrito por Lady Allegra

Devota enamorada de Byron, camino en la belleza del XIX, del gótico y del Romanticismo.