El infante Byron, según Maurois.
La primera vez que leí sobre Byron fue en esta dulce biografía que hizo André Maurois sobre el poeta. Quería comenzar a relatar su inimitable vida basándome en su libro, el cual recomiendo encarecidamente su lectura, hablando de su infancia y mostrando los cimientos de un hombre tan carismático como atractivo.
Los padres del poeta
Os presento a su madre, Catherine Gordon, una joven huérfana escocesa de buena familia. La joven, por decirlo suavemente, no era muy agraciada físicamente, a cambio tenía una buena dote como tarjeta de visita.
A Catherine le acompañaba el apellido de una familia bastante importante, los Gordon, y para los que la muerte era una solución viable en cualquier conflicto.
Los Byron era una familia de la aristocracia que habitaba Newstead Abbey, en Nottingham, desde tiempos de Enrique VIII. Por aquella época el quinto Lord Byron, “The Wicked Lord” todavía vivía aunque no le quedaban muchos años de vida. Su abuelo, John Byron fue el sexto hijo del cuarto Lord Byron y merece él solo un capítulo aparte. Su primer hijo es el siguiente protagonista en esta historia.
En 1783, Catherine conoció a John Byron, y se enamoró perdidamente de ese joven guapo viudo cuyo sobrenombre era Mad Jack (Jack el Loco). Si los Gordon eran complicados, no hay que imaginarse mucho cómo eran los Byron si así conocían al padre. Catherine no pudo evitar caer en las redes de un Byron.
Él ya se había casado anteriormente con Lady Conyers, y probablemente sus malos tratos fueron los causantes de su muerte en 1784. La joven dejó una niña huérfana, Augusta Byron, hermana por parte de padre de la cual luego hablaremos largo y tendido, porque esta es la famosa hermanastra con la que se decía que Byron había cometido incesto.
El inevitable matrimonio
John y Catherine se casaron un 13 de mayo de 1784 en Bath, la ciudad de moda en la época y hoy en día la ciudad austenita por excelencia. Bath fue testigo años más tarde de una joven Mary Shelley que terminó de dar forma forma y escribió la mayor parte de su obra maestra Frankenstein.
John Byron comenzó a llevar una vida disoluta bañada en alcohol y fiestas en la ciudad de moda, y de esta manera consiguió dilapidar la riqueza de la joven heredera.
A ella le daban igual los consejos que le llegaban de todos lados, seguía bebiendo los vientos por el atractivo Byron y unos años después, ya asentados en Londres, nació su hijo George Gordon Byron, un frío 22 de enero de 1788 en Holles Street , Londres.
Primeros años
Único hijo del matrimonio, sus padres no se lo pusieron nada fácil desde su más temprana existencia. Fue un niño que veía como sus padres se tiraban la vajilla a la cabeza, testigo involuntario en sus primeros años de un matrimonio roto. Byron formó parte de una familia en la que el amor brillaba por su ausencia.
Tampoco ayudó que en su parto, la supuesta mojigatería de su madre hizo que Byron naciera con un tobillo que no le sostenía el pie derecho, un pie zambo como se suele decir.
Empezó a llevar un calzado especial, del que tenemos la suerte que se conserva un original hoy en día, pero eso no le impidó ser cojo durante toda su vida, algo que obviamente le marcó en su vida y en sus relaciones.
Pero volvamos al matrimonio con menos futuro de la historia. Una vez arruinados, ella no aguantó más la situación y se marchó de Londres con su hijo hacia la población de Aberdeen, en Escocia. Obviamente su padre no les siguió sus pasos, ya no había mucho más dinero que gastar en fiestas, y la primeriza madre se acomodó en una vivienda amueblada con dos de sus sirvientas, Inés y May Gray.
Abusos en la niñez
May tuvo un papel bastante escabroso en su niñez que le marcó para siempre. Su madre la contrató como su niñera, una mujer presbiteriana que le inculcó desde muy pequeño el calvinismo.
Cuenta Maurois en su bellísima biografía “Don Juan ou la vie de Byron”, que mientras vendaba su pie zambo con dolorosos y estrechos vendajes como remedio médico, ella le contaba historias del diablo y de duendes, o le hacía recitar salmos religiosos siendo un niño muy pequeño. La religión siempre estuvo muy presente en la vida de Byron, y dejó una marca indeleble en su ya de por sí complicada personalidad.
También le contaba historias tremebundas sobre sus ancestros, y Byron se quedaba solo en su cama, con su activa imaginación desbocada. Maurois nos muestra un niño con unos conflictos interiores complicados al venir de dos familias tan conocidas pero no por un buen motivo..
Pero eso no era lo peor, Maurois junto a otras fuentes, nos cuenta una de las historias más oscuras y terribles de su vida: May abusaba sexualmente de él siendo un niño de unos 8 o 9 años. La joven se metía en la cama del niño por la noches, mientras le llenaba la cabeza de historias escabrosas.
Anécdotas del futuro Lord
Un día yendo con May Gray por la calle, una mujer le dijo: ¡Qué guapo es este pequeño Byron! ¡Lástima que tenga semejantes piernas! A lo que el niño Byron le espetó golpeándola con su pequeño látigo: ¡No hable usted de eso!
Desde muy pequeño, Byron ya mostraba un carácter difícil, preso de violentas pasiones y arrebatos desde su más tierna infancia.
Otra muestra de ello fue el día en el que siendo un niño de pocos años, todavía llevaba ropas de infante, se había manchado la ropa y al ser reprendido cogió el traje rasgándolo de arriba a abajo mientras miraba desafiante a la niñera.
Tuvo que ser una infancia muy complicada para él, con un padre desaparecido y alcohólico y una madre abandonada con un carácter muy complicado. Catherine se quedó sola con su hijo pequeño en un mundo hostil contra ellos.
Su padre murió arruinado en Valenciennes, Francia, en 1794 con solo 36 años 1 y muy lejos de su hijo y de su última mujer. Vivió sus últimos años en la Francia de la Revolución Francesa, una época muy convulsa como ya conocemos. Byron siempre tuvo su ausencia muy presente.
Su madre se volcó en su cuidado y en su educación que dio lugar a un lector insaciable. Al igual que un día le inundaba de besos y abrazos, al siguiente le decía “Tú eres un verdadero Byron, tan malo como tu padre.”
Maurois titula uno de sus primeros capítulos como Predestinación destacando la importancia que tenían estos mensajes en su interior. El niño Byron provenía de dos familias aristocráticas pero también con un amplio historial de violencia y crimen. Todo ello, junto a los mensajes terroríficos de May Gray, configuraron a un niño que creía fervientemente en que su existencia estaba ya predestinada a convertirse en otro Lord Malo.
No hay mejor anécdota que la que cuenta Maurois para conocer el buen fondo del niño que todavía no era Lord: ”un día, al pretender lanzar una piedra a un pajarito, hirió a una niña. Ella lloraba; quisieron obligarle a pedir perdón y él se indignó en su fuero interno. ¿No sabes, -le dijo- que soy el hijo de un Byron? Una hora más tarde iba espontáneamente a llevar bombones a la víctima.”
Byron en la escuela
Con casi cinco años fue enviado a la escuela del señor Bowers. Allí demostró su prodigiosa memoria cuando engañó a todos rápidamente al decir que ya había aprendido a leer cuando realmente lo que hizo fue aprenderse de memoria una página. Fue un lector muy precoz, que leía una cantidad considerable libros para ser un niño tan pequeño. Le interesaban los eventos más destacados de su tiempo como la Revolución Francesa, y tanto él como su madre, estaban del lado del pueblo.
Su madre adquirió un abono en la librería de Brown, La Cabeza De Homero, y el pequeño Byron le rogaba que le trajera las ultimas novedades junto con historias de Grecia, Roma y Turquía. Una de sus primeras ambiciones por escrito fue una muy curiosa para un pequeño infante:
Yo quisiera - decía - mandar un día un regimiento de caballeros. Vestiría a mis hombres de negro y les daría caballos negros. Serían llamados “Byron´s Blacks" y se hablaría de sus hazañas. George Gordon Byron
Byron era conocido por “el Diablillo cojo de la Señora Byron” y estaba dispuesto a dar más golpes que a recibirlos. Aprendió a pelear de puntillas, por lo que su cojera no le impedía poder combatirse con otros niños. Sus lecturas como ”Las mil y una noches” le habían aficionado a lo oriental, hecho que le marcó indeleblemente en su vida y en su posterior obra.
Una fiebre escalartina le llevó a pasar unos días en el campo, rodeados de montañas. Vestía cual escocés, ya que se sentía como tal. Allí conoció a la que probablemente fue su primer acercamiento al sentimiento del amor: la hija de un granjero, Mary.
En su vuelta a Aberdeen, conoció a su prima Mary Duff, quien se convirtió en su primer amor no correspondido. Byron sufrió mucho por ello y mientras sufría indeciblemente por ello, le llegó la noticia de que el Lord Malo había muerte y, por ello, el pequeño Byron de sólo 10 años se convirtió en el sexto Lord Byron.
Pero esa es otra historia para contaros otro día.
Fuentes:
- Lord Byron, por André Maurois. Colección Aguilar Maior, 1988.
- Pintura de William Kay
- Retrato de Mary Duff