El oso becario de Cambridge
La atracción de Byron por los animales es más que evidente, siempre se encontraba rodeado de ellos formando parte de su vida de una manera muy cercana. Alguno de ellos incluso marcó su vida para siempre, como su fiel y adorado terranova Boatswain que ya conocemos. Si tuviera que destacar uno entre todos ellos, no podría dejar de acordarme del oso con el que se hacía acompañar en su época universitaria en Cambridge. Pero no nos adelantemos a los hechos, vayamos paso a paso en el camino que estamos recorriendo junto a Byron.
El joven poeta atravesaba el último año de estudios en el prestigioso Trinity College, en la universidad de Cambridge. Allí trabó una duradera amistad con John Cam Hobhouse, su inseparable amigo y futuro político, con Charles Skinner Mathews, el tipo raro y gracioso según Byron y con Scrope Davies, el que era jugador empedernido y un mujeriego. Los cuatro amigos disfrutaban de la época universitaria. Entre licores, conversaciones y risas se dejaban llevar por la dulce y alegre juventud.
Pero Byron tenía un problema, las estrictas normas del Trinity no le permitían acompañarse de sus queridos perros, la compañía más querida y deseada en muchas ocasiones por el lord. En los estatutos se prohibía específicamente el llevar un perro o un gato a la universidad, así que Byron enseguida buscó una solución a este contratiempo y la encontró en un oso domesticado que habría adquirido probablemente en la feria de Stourbridge. Sí, hablamos del mismísimo oso que se peleaba ferozmente con Boatswain.
Así que ni corto ni perezoso, Byron se llevó a su nueva mascota a Cambridge ya que no había ninguna prohibición explicita en los estatutos a llevarse un oso a clase y en la universidad no tuvieron más remedio que aceptarlo. Muy sutilmente dejó clara su gran inteligencia y superioridad frente a los que consideraba inaceptables estatutos.
En una carta a Elizabeth Pigot en 1807 nos describe a su oso: “Tengo un nuevo amigo, el mejor del mundo, un oso manso. Cuando lo traje aquí, me preguntaron qué hacer con él, y mi respuesta fue: 'debería ser becario' ”, y es que Byron siempre ha tenido en más alta estima a la raza animal que a la humana, haciendo gala de su magistral y único humor.
Paseaban por el campus de la universidad, el atrevido lord se dejaba ver junto al oso por todas partes. Como si fuera la añorada mascota que no les permitían tener a los alumnos, Byron paseaba con el úrsido ante la mirada atónita de todo Cambridge. Era un oso pardo europeo, con un peso que puede oscilar entre los 100 y los 300 kilogramos, con una altura de pie que puede llegar a más de dos metros. Pero ahí no quedó todo, Byron elevó la apuesta cuando pidió que el oso fuera aceptado como alumno del Trinity solicitando una beca para el animal. No sólo era la última excentricidad del poeta, también era un ataque en toda regla al corrupto sistema que imperaba en la institución y del que Byron era conocedor.
En una carta a Medwin le confiesa “que tenía un gran odio por las normas de la universidad” y encontró la forma perfecta para atacarlas y ganar la batalla. Nadie pudo reprocharle nada a su exquisito argumento, no existía ninguna norma por escrito que prohibiera llevar específicamente osos a la universidad.
De todos los animales que pudo haber elegido, seleccionó justamente un oso y como nada en la vida de Byron fue fruto de la casualidad. El oso es el rey de los bosques, una criatura salvaje y fascinante, como lo era el propio Byron, que demostró impecablemente que esa simple elección era toda una declaración de intenciones. Me gusta imaginar esa escena con los estudiantes y el claustro de profesores observando incrédulos al poeta cojo junto a su enorme oso en los jardines y no creo que pudiera haber otra conversación que no fuera Byron y su nueva mascota. Como siempre le sucedía, Byron no podía pasar desapercibido y se convertía rápidamente en el centro de atención de la gente.
Según las memorias de su amigo y poeta Thomas Moore, Byron viajó una vez en un carruaje público entre Londres y Cambridge acompañado por el oso. El animal llevaba un sombrero para disimular. Un pasajero confundió al oso con un caballero corpulento hasta que intentó despertarlo porque roncaba, descubriendo el pelaje real del animal. Menuda escena la que se tuvo que vivir en ese carruaje.
La increíble historia de Byron y su oso en Cambridge trajo consigo varias leyendas que se han demostrado erróneas con el tiempo. Una de ellas es que el oso dormía con él en sus aposentos, hecho poco probable debido a que Byron dormía en los pisos superiores. También se decía y se rumoreaba que boxeaba con el oso en sus ratos libres. Sí que hay testimonios de las peleas entre perro y oso por lo que no sería descabellado pensar que Byron peleara con el oso, o algo parecido. Es algo muy Byron, como la brillante idea que tuvo y con la que rompió el sistema impecablemente desde dentro.
Tras graduarse en la universidad, Byron se llevó consigo a su querido animal a su residencia familiar, Newstead Abbey. Este fue el primero de una larga lista de exóticos animales que le acompañaron en su tumultuosa vida, convirtiéndose con el tiempo en una curiosa anécdota que forma parte de la hipnótica identidad y leyenda de Byron.
Fuentes:
- Ilustración de “Lord Byron y el oso en el Trinity College en Cambridge”, por Ángeles Batista.
- Oso pardo europeo, Wikipedia
- Recorte de noticia de 1830 sobre el oso de Lord Byron
- Byron. Vida y leyenda, por Fiona MacCarthy. Traducción de Pablo José Hermida Lazcano. Editorial Debate, 2024
- Fotograma de la película Remando al viento, Gonzalo Suárez, 1988