Ilustración con Byron sentado en una silla mirando al frente con una casaca azul y pantalones marrones con su perro Boatswain descansando a sus pies fielmente
Ilustración de Ángeles Batista

Boatswain, el único amigo de Lord Byron

Para entender a Byron y conocerle más a fondo, no podemos dejar a un lado su relación vital con los animales. En su corta pero intensa vida, siempre estuvo rodeado de animales de todo tipo, domésticos en la mayoría pero como bien sabemos, parte de su vida convivió con los más exóticos o inesperados que llegaron a definir parte de su irresistible y fascinante personalidad.

Uno de los más importantes y queridos para el poeta fue su terranova Boatswain, que convivió con él unos pocos años de su juventud en la abadía de Newstead. Sabemos por la inscripción que hizo en su lápida que el perro probablemente naciera en mayo de 1803, cuando el lord contaba con sólo quince años de edad.

Imagen incónica del perro de Byron, un Terranova de perfil prácticamente negro y con unos toques de pelaje blanco alrededor del cuello y de las patas.
El perro de Lord Byron 'Boatswain' (1803–1808), por Clifton Tomson, 1808

La corta vida del animal no impidió ocupar un lugar muy relevante en la vida del poeta, en esos años todavía era un joven más bien rollizo. Probablemente Byron consiguió al perro cuando se había trasladado a la población de Southwell donde conoció a Elizabeth Pigot. Corría el año 1804 cuando ella y su familia se mudaron a una casa cercana a la de Byron. Elizabeth contaba con veintiún años, por lo que le sacaba unos cinco años. Esa diferencia de edad no impidió que se convirtiera en una de las amistades más importantes que tuvo en esa época, siendo una de las primeras personas que le animó a a ser poeta mientras le leía sus primeros poemas junto a su perro.

Silueta de una joven mirando hacia la derecha con un moño alto y lo que parecen unos rizos en la frente.
Silueta de Elizabeth Bridget Pigot

Al año siguiente comenzó sus estudios en el Trinity College en la prestigiosa universidad de Cambridge. Allí conoció a los jóvenes que se convirtieron en parte de sus íntimas amistades que conservó mientras la vida se lo permitió: el futuro político y escritor John Cam Houbhouse, el dandy y jugador empedernido Scrope Davies, y Charles Skinner Matthews que murió prematuramente ahogado más tarde en 1811.

Byron se hacía acompañar de sus amigos en la abadía. En esos días el perro formaba parte del efervescente grupo de jovenes que paseaban por el pintoresco lugar, daban rienda suelta a sus aspiraciones literarias y en ocasiones celebraban fiestas vestidos de monjes rodeados de chicas y bebiendo de la copa cráneo que Byron mandó engastar. Las semanas se sucedían mientras el fiel perro acompañaba al joven Byron allá donde fuese. El vinculo que había surgido entre ellos era indestructible.
Boatswain se parecía en muchos aspectos a su amo: es conocido que el perro no se dejaba amedrentar por el famoso oso que acompañó a Byron en su época universitaria y sus peleas eran legendarias. Llama la atención el collar de metal que de tan byrónico que era, también le protegía en sus peleas con el oso. Byron siempre ha destacado por su artes natatorias y junto a sus amigos, disfrutaban bañándose en un río cercano. La escena no podía ser más divertida: Byron jugaba a tirarse al agua simulando ahogarse mientras Boatswain acudía raudo a su rescate. Las continuas carcajadas se sucedían en esos inolvidables y felices días que siempre recordará Byron.

Collar de metal dorado con la inscripción Hon. Lord Byron y con los bordes punteados
Collar de Boatswain

Hay un retazo muy ilustrativo de la vida de Boatswain que podemos conocer a través de la biografía de Byron que escribió su amigo y poeta Thomas Moore. Esta curiosa anécdota demuestra que estaban hechos el uno para el otro, Boatswain era muy Byron por así decirlo:

“La afición de Byron por los perros —una inclinación que le acompañó toda su vida— puede juzgarse por las anécdotas ya mencionadas. De su perro favorito Boatswain, a quien inmortalizó en verso y junto al cual pensó en algún momento ser enterrado, se cuentan algunos rasgos que muestran no solo su inteligencia, sino también una generosidad de espíritu que bien podía ganarle el afecto de un amo como Byron.
Uno de estos hechos intentaré relatarlo tal como me fue contado.
La madre de Byron tenía un fox-terrier llamado Gilpin, con el que el perro de su hijo, Boatswain, estaba continuamente en guerra, aprovechando cualquier ocasión para atacarlo y maltratarlo tan violentamente que se temía que acabaría matándolo.
Por ello, la señora Byron envió al terrier a la casa de un arrendatario en Newstead. Cuando Byron partió hacia Cambridge, su “amigo” Boatswain, junto con otros dos perros, quedó al cuidado de un criado.
Una mañana el criado se alarmó mucho al descubrir que Boatswain había desaparecido, y durante todo el día no tuvo noticia alguna de él.
Finalmente, hacia el atardecer, el perro regresó acompañado de Gilpin, a quien condujo directamente junto al fuego de la cocina, lamiéndolo y colmándolo de todas las demostraciones posibles de alegría.
La verdad era que había ido hasta Newstead para buscarlo; y desde ese momento ambos antiguos enemigos convivieron en perfecta armonía. De hecho, Boatswain incluso lo protegía de los ataques de otros perros, y si oía la voz de Gilpin pidiendo ayuda, acudía inmediatamente en su defensa”.

El dibujo de la izquierda muestra un dibujo simple de Lord Byron con sombrero y su perro a la derecha comiendo de un plato. En el otro dibujo está Byron metido en una bota gigante verde y su perro ofreciéndole un animalillo
“The Wonderful History of Lord Byron & His Dog”, por Elizabeth Pigot, 1807

La relación de Byron con su perro fue deliciosamente inmortalizada por Elizabeth Pigot. No solo ha pasado a la historia byroniana por ser una de las más entrañables amistades de Byron, más bien la consideraba una hermana mayor, y por llegar a ser considerada una biógrafa por todo lo que aportó, sino que hizo su propia contribución a la Byronmanía con su curiosísimo testimonio de primera mano y de incalculable valor sobre la vida de Byron en forma de una deliciosa colección de ilustraciones acerca de su relación con su perro Boatswain: “La maravillosa historia de Lord Byron y su perro”, unos años después en 1807, el mismo año que publicó Horas de Ocio.

La historia no tiene un final feliz, como muchos acontecimientos en la vida de Byron. Una nube sombría se cernió sobre el joven Byron que disfrutaba de esos felices y luminosos días. El perro presentaba los síntomas de la rabia, una enfermedad mortal para el animal y peligrosa para todos aquellos que lo rodean. Byron, en vez de sacrificar al enfermo animal que es lo que hubieran hecho muchos, le cuidó personalmente limpiándole sus babas con la manga de su chaqueta hasta el final de sus días.

No hubo ningún mordisco dirigido a su fiel amo, Boatswain se mordía antes a él mismo que lastimar a su querido dueño. Ni la violenta enfermedad consiguió que Boatswain mordiera ni hiciera daño a su adorado amo en ninguna ocasión. Es fascinante pensar que el leal perro fuera capaz de controlarse de tal manera, cuando la realidad de un perro rabioso es un vendaval de violencia pura sin control.

La intensa relación entre ellos y el carácter pasional que tenía Byron hicieron que deseara ser enterrado junto a su leal perro. En uno de sus testamentos, concretamente en el de 1811, dejó por escrito este deseo. Para que se cumpliera mandó erigir una tumba en los jardines de la abadía, una construcción imponente de corte clásico simulando un monumento romano. Hecha en mármol y en piedra caliza, su majestuosidad destaca frente a otro tipo de construcciones similares.

Fotografía del monumento funerario a Boatswain, es una construcción de piedra, con un epitafio en uno de los laterales y lo corona una especie de ánfora.
Monumento funerario dedicado a Boatswain, en Newstead Abbey.

El epitafio escrito en la tumba que se encuentra en los jardines próximos a la abadía de Newstead, realmente fue escrito por Hobhouse y no como se ha creído erróneamente hasta hace poco que estaba atribuido a Byron. Es uno de los epitafios más bellos y más conocidos actualmente, con una gran carga emocional que reflejaba la inconsolable perdida del querido Boatswain por todos los que le habían conocido.

Cerca de este lugar
Reposan los restos de un ser
Que poseyó la belleza sin la vanidad,
La fuerza sin la insolencia,
El valor sin la ferocidad
Y todas las virtudes del hombre,
Sin sus vicios
Este elogio,
Que constituiría una absurda lisonja
Si estuviera escrito sobre cenizas humanas,
No es más
Que un justo tributo a la memoria de
BOATSWAIN,
Un perro, nacido en Terranova,
En mayo de 1803
Y muerto en Newstead Abbey Epitafio a Boatswain, John Cam Hobhouse

El epitafio continúa con unos versos escritos por Byron y que acompañan a los archiconocidos primeros doce versos. Sus estremecedoras palabras nos trasmiten el dolor del afligido Byron ante la pérdida de su más fiel y querido animal. Byron ensalza la altruista nobleza animal frente a la carencia de la misma en las personas. Muchas veces se le ha otorgado la autoría de la frase “cuanto más conozco a los hombres, más quiero a mi perro”, que define perfectamente lo nítido que veía Byron la hipocresía y el egoísmo humano presentes en la sociedad y cuya ausencia brilla en el mundo animal.

En cuanto al pobre perro, que en su vida fue nuestro amigo más leal, el primero en salir a nuestro encuentro con sus caricias, el que todo lo arriesgara por defendernos y cuyo afecto sincero pertenece totalmente a su amo, que por él solo trabaja, lucha, vive y respira, ese perro muere sin honor, ve sus méritos olvidados y se le rehusa en el cielo el alma que lo animara en la tierra”.

“En cambio, el hombre, insecto vanidoso, aguarda el perdón y reclama un cielo exclusivamente suyo. ¡Oh ser humano, débil criatura efímera, rebajado por la servidumbre o corrompido por el poder, todo el que te conoce de verdad debe apartarse de tí con repugnancia, degradado montón de polvo animado! Tu amor es lascivia; tu amistad engaño; tus sonrisas, hipocresías; tus palabras, falsedad. Vil por naturaleza, ennoblecido sólo por el nombre, deberías avergonzarte ante cualquier pobre animal”.

“Vosotros, que al azar miráis esta modesta tumba, proseguid vuestro camino: no es un homenaje a alguien a quien os interesa consagrar vuestro dolor. Estas piedras se yerguen para señalar el sitio en que yacen los restos de un amigo. No conocí más que uno y aquí reposa”. Epitafio a Boatswain, Lord Byron

Le consideraba el único amigo real que había tenido en su vida. Nunca he conocido un caso así de lealtad y amor entre un hombre y un perro como fue el final del hermoso Terranova. Recuerdo perfectamente la primera vez que leí sobre Boatswain, ese momento en el que las lágrimas asomaron a mis ojos visualizando a un sufriente Byron arropando y abrazando cariñosamente a su perro enfermo. El poeta sabía que podría acabar contagiado o incluso gravemente herido, pero su nobleza y su generoso y sensible carácter hizo que no escuchara a su razón dejándose llevar por su corazón.

Si os preguntáis si finalmente se cumplió su ultima voluntad, temo que tengo que contaros que no se cumplió como muchas de las dejó por escrito y de palabra. Byron no está enterrado junto a su perro en Newstead Abbey, sino en la población cercana de Hucknall.

Fuentes:

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Escrito por Lady Allegra

Devota enamorada de Byron, camino en la belleza del XIX, del gótico y del Romanticismo.