En este día completo mi trigésimo sexto año.
Hora es que este corazón ya no se conmueva,
como otros, ha dejado de moverse:
aún así, aunque no pueda ser amado,
¡dejadme al menos que ame!
Mis días tienen ya hojas amarillas;
idas las flores y los frutos;
el gusano, el cancro, y el dolor
¡son solo míos!
El fuego que de mi pecho hace presa,
es solitario como volcánica isla;
ninguna antorcha se enciende con su llama:
una pira mortuoria.
La esperanza, el miedo, el celoso afecto,
la exaltada parte del dolor
y la fuerza del amor, no puedo compartir
aunque desgastan la cadena.
Pero no es así y no es aquí,
pensamientos estremeceríanme el alma,
ahora, cuando la gloria engalana el féretro
del héroe o cine su frente.
¡La espada, el estandarte y el campo,
la gloria y Grecia a mi alrededor veo!
El espartano, caído sobre su escudo,
no fue más libre.
¡Despierta! (No Grecia: ¡ella está despierta!)
¡Despierta, espíritu mío! Piensa mediante quién
la sangre de tu vida rastrea su lago paterno
¡y luego vuelve a casa!
Sigue a esas pasiones que reviven,
¡indigna humanidad!, para ti
¡indiferente debiera ser la sonrisa
o el ceño de la belleza.
Si tú lamentas tu juventud, ¿por qué vives?
La tierra de la muerte honorable
es ésta: ¡ve hacia el campo y entrega
allí tu aliento!
Busca la tumba del soldado, menos
buscada a menudo que hallada, para ti la mejor;
luego mira alrededor y escoge el sitio,
y toma tu descanso. Lord Byron
Fuente:
Poemas escogidos , de Lord Byron. Traducción por José María Martín Triana, editorial Visor, 2006.