“Gothic”, una psicodélica estancia en Villa Diodati
Imagina que un desconocido te ofrece tomar una droga psicodélica, te promete que ingiriendo esa sustancia química o natural te va a proporcionar un viaje que te lleva, de entre todas las infinitas posibilidades justo al año 1816, concretamente a los acontecimientos históricos que sucedieron en la Villa Diodati el Año sin verano. No hace falta que lo imagines, la película Gothic es ese viaje pero sin necesidad de recurrir a ninguna sustancia.
De todas las películas que recrean o se acercan al mito de la famosa velada en Villa Diodati, Gothic destaca entre ellas por ser la más excesiva de todas. Una histriónica visión de los hechos y de los personajes que no deja indiferente a nadie. Es prácticamente inevitable traerla a colación cuando hablamos de Lord Byron y es que es de las pocas películas centrada en esos días de Villa Diodati.
Ken Russell narra a su manera los famosos días que rodearon la creación de los mitos del terror por excelencia, Frankenstein y El vampiro. Los créditos iniciales están sumidos en la oscuridad mientras comenzamos a visualizar una calavera hacia la que nos vemos atraídos, ¿o es la calavera la que viene a nosotros? Estos primeros minutos nos hacen tener una idea de lo que nos vamos a encontrar.
Las primeras escenas nos llevan al acoso al que estaba siendo sometido todavía Lord Byron después de su autoexilio en abril de 1816. Estamos en el Año sin verano y los turistas ingleses perseguían al lord con sus catalejos desde diversos lugares del lago Leman, en Ginebra. Pero muy lejos de querer ser una recreación fiel como parecía que podría haber sido, Ken Russell se embarca en una aventura lisérgica muy peculiar de esos días en Villa Diodati.
Sus personajes rayan el histrionismo, se convierten en unas marionetas caricaturescas en manos del director. Gabriel Byrne encarna a un inaudito Lord Byron, un anfitrión decadente, manipulador y narcisista, todo lo contrario al real. Natasha Richardson en su debut cinematográfico, se convierte en la dulce Mary Shelley, uno de los nexos de la historia, atormentada por sus traumas del pasado. Julian Sands se transforma en Percy Bysshe Shelley, el poeta visionario obsesionado con el ocultismo y la electricidad. Timothy Spall como el Dr. John William Polidori recrea sobradamente el papel de médico atormentado por su compleja relación con Byron. Por último, y no menos importante, Myriam Cyr se transforma en una curiosa Claire Clairmont, un torbellino de mujer responsable del grandioso encuentro entre los poetas en Ginebra.
Hay escenas que bien podrían haber sido realidad, muy cercanas a los testimonios que tenemos de esos días como Claire cantando mientras Byron escribe varios de sus poemas más famosos, una imagen que me encanta recrear. Sin embargo, Russell da rienda suelta a su imaginación y reimagina la realidad convirtiendo el dormitorio de Polidori en una colección de frascos licuosos que contienen unos escabrosos y tétricos especímenes junto una austera cama con un crucifijo como única decoración de la habitación. Una escena que hace las delicias de todos los que amamos el gótico.
Las filias y las fobias de los protagonistas se ven magnificadas en esta excéntrica versión. Russell se encarga de dotar de una alta tensión sexual no resuelta los encuentros de los efervescentes jóvenes. Podemos encontrarnos desde armaduras paseando su falo gigante por los pasillos de Diodati a un ronroneante Polidori apoyándose en el pecho del poeta.
Una de las imágenes más icónicas es en la que aparece Julian Sands completamente desnudo en el tejado de la mansión durante una tormenta eléctrica. En una grandiosa interpretación, el actor se pasó horas gritando de forma exagerada hacia el cielo desafiando a la naturaleza para reflejar la locura del poeta Percy B. Shelley.
El director hace su pequeño homenaje a una de las obras más relacionadas con el terror contemporáneo, el conocido cuadro de Johann Heinrich Füssli “La pesadilla”. La pintura muestra a una mujer dormida, con la cabeza y los hombros caídos hacia atrás sobre el extremo de su sofá. Un incubo se sienta sobre su pecho mirando directamente al espectador. Los críticos contemporáneos se escandalizaron por el componente sexual de la pintura. Pero esta obra tiene mucho más que contarnos que la sorprendente escena que podemos ver en la película.
Mary Wollstonecraft, la madre de Mary Shelley, conoció en 1788 al artista. De ese encuentro en una cena organizada por el editor Joseph Johnson, surgió una relación platónica y bastante tormentosa entre ellos. Ella se enamoró perdidamente de un ya casado Füssli, sus ardientes cartas son muestra de ello. Un día Wollstonecraft acudió a casa del artista y le propuso a su esposa, Sophia Rawlins, un ménage à trois: una convivencia platónica donde ella viviría con ellos para "unirse a la mente" del pintor. La negativa de Sophia derivó en un escándalo que hizo que Wollstonecraft huyera posteriormente hacia París en plena Revolución Francesa.
Y después de esta pequeña serendipia, volvamos para quedarnos en la Villa Diodati más lisérgica. La película se rodó en Wrotham Park, principalmente recreando los exteriores de la Villa y del lago Leman, y en Gaddesden Place, con unos interiores que disfrutamos enormemente en la película. La banda sonora corre a cargo del compositor Thomas Dolby, una mezcla delirante de música clásica y música electrónica experimental.
El compositor Thomas Morgan Robertson utilizaba el nombre artístico de Thomas Dolby desde los 80. Mientras mezclaba la música de la película, la famosa empresa Dolby Laboratories le interpuso una demanda legal. Querían evitar que los créditos incluyeran ese nombre para evitar que el público pensara que la película utilizaba alguna nueva tecnología de sonido de su empresa. Algo realmente complicado porque es inevitable relacionarlos sin que tengan nada que ver. Afortunadamente para el músico, se llegó a un acuerdo y pudo seguir utilizando su pseudónimo.
Su ritmo frenético, sus locos cortes de cámara y su estética marcadamente visual y "ochentera" se deben a que la rodó el equipo de Virgin Vision, integrada en la compañía del controvertido Richard Branson, que provenía de rodar videoclips en la MTV. No está mal recordar que la década de los 80 fue el boom de los videoclips, con la recién nacida cadena MTV como principal catalizador de toda aquella frenética producción.
Siendo fieles a los acontecimientos, Gothic se queda lejos de lo que realmente fueron esos días, aún cuando tiene muchos detalles basados en los testimonios que nos han llegado. Sin embargo, Russell consigue crear algo excepcional en sus salvajes, violentas e inolvidables escenas. Gothic llega a alcanzar una atmósfera realmente agobiante y tétrica, que junto a una combinación de potentes visiones y pesadillas, es una película que cualquier amante de lo gótico, de la noche de Villa y de lo bizarro, no puede dejar de disfrutar.
Fuentes:
- Portada de la película Gothic
- Fotogramas de Gothic, Ken Russell, 1986
- Fotograma de Julian Sands como un desnudo Shelley
- La pesadilla, por Johann Heinrich Füssli, 1781