Liszt fantaseando al piano
Existe un cuadro que más bien podría ser el sueño de cualquier amante del Romanticismo. Corría el año 1840 cuando el pintor Josef Danhauser imaginó el encuentro entre las figuras más grandes de la época que solo se pudo hacer realidad a través de la pintura.
La escena nos muestra a la élite romántica reunida en una icónica pintura encargada por el fabricante de pianos de la corte vienesa Konrad Graf. Un grupo mayoritariamente masculino en una destacada estancia con un piano que ocupa la parte derecha de la imagen. Al piano nos encontramos sentado a Franz Liszt, compositor austrohúngaro nacido en 1811. Un niño prodigio que llegó a compararse con Mozart y que con los años se convirtió en una celebridad musical, llegando a describirse sus recitales como experiencias místicas. Se acuñó el termino “Lisztmanía” para describir esos estados de locura fanática transitoria que embargaba a la gente con su presencia. Se podría decir que Liszt fue el Byron de su época.
A sus pies hay una figura femenina sentada de espaldas en el suelo entre cojines y apoyada delicadamente en el piano (de la conocida marca Grafs) escuchando tocar al conocido compositor. Sabemos por la estatuilla de Juana de Arco en la chimenea que el escenario del cuadro es el apartamento parisino del artista, de lo que se puede inferir que la joven arrodillada es su amante Marie d'Agoult, escritora e historiadora, y madre de sus hijos. A quien sí se reconoce perfectamente en un impresionante busto sobre el piano es a Ludwig van Beethoven, uno de los genios compositores más relevantes y conocidos de la historia.
En la parte izquierda de la imagen nos encontramos al compositor rodeado por otros caballeros que parecen disfrutar sinceramente de la velada. De pie a su izquierda, nos encontramos a los compositores Niccolò Paganini 1 , “el violinista del diablo” y a Gioacchino Rossini 2 , grandioso compositor de obras como “El Barbero de Sevilla” fundidos en una fraternal abrazo mientras disfrutan de la música.
George Sand, “la Byron femenina” y genial escritora perfectamente reconocible en su figura y en su traje masculino, se encuentra sentada junto a los dos titanes de la literatura francesa: Alexandre Dumas padre, el autor de El conde de Montecristo, uno de los personajes byronianos por excelencia, y junto a él de pie, vemos a un casi irreconocible Víctor Hugo todavía sin barba, autor de Los Miserables o Nuestra Señora de París, gran admirador de Byron e influenciado por su obra.
Lo más simbólico del cuadro se encuentra al fondo de la imagen, en un retrato donde se reconoce perfectamente a Lord Byron, en uno de sus más icónicos retratos, realizado por Harlow en 1816. En esta soñada reunión que nunca sucedió, Byron se encuentra presidiendo la escena desde la importancia del retrato principal en la estancia. Byron había muerto unos 16 años antes, pero el pintor no pudo imaginarse esa escena sin la presencia de Byron. De una u otra manera, Byron tenía mucho que ver en las obras o en las vidas de los famosos románticos.
El cuadro se exhibió en el Salón de Arte de Viena en 1841 bajo el título “Un momento de consagración de Liszt”. Centrándonos en la parte derecha del cuadro, encontramos al famoso pianista tocando sentado desde lo que parece una chaise longue. Sin atender al libreto de partituras, su mirada está dirigida al busto del compositor Beethoven, figura muy destacada en el momento el que se hizo el cuadro. Por detrás del gran compositor, se visualiza un exterior mostrando un cielo dramático dotando a la imagen de un halo sobrenatural.
Actualmente el cuadro se puede admirar en la Antigua Galería Nacional de Berlín, y bien merece una visita para sobrecogerse en vivo y en directo con tan magnífica representación del más alto Romanticismo.
Fuentes:
- Liszt al piano, Josef Danhauser, 1840
- Retrato de Lord Byron, Harlow, 1816