Diario: 28 de marzo de 1814
Esta noche he ocupado mis nuevas habitaciones, alquiladas a lord Althorpe, con contrato para siete años. Amplias y con espacio para mis libros y mis sables. Dentro de la casa, además, lo cual es otra ventaja. Los últimos días, si no toda la semana, he sido muy espartano, he hecho ejercicio con regularidad y, con todo, no me he encontrado muy bien.
…
Leí un poco de muchas cosas; mañana recibiré mis libros. Por suerte, esta habitación podrá acogerlos: hay «bastante espacio y márgenes, etc. para ubicar a los personajes del infierno». He de ponerme a hacer algo cuanto antes: de nuevo mi corazón empieza a devorarse a sí mismo. Albany, Diario de Londres
Byron se acababa de mudar a sus nuevas habitaciones en The Albany House, 2. El joven poeta por fin va a tener espacio suficiente para colocar los nuevos libros que le vienen de camino. Libros que siempre le han acompañado desde su más temprana infancia y de los que era un ávido lector. Muchos nos veremos reflejados en esta cuestión tan aparentemente mundana pero clave para los amantes de la lectura.
Pero no es de la relación de Byron con los libros de lo que vengo a hablar hoy, más bien es de su última frase que podría pasar desapercibida y sin embargo encierra la esencia del héroe byroniano. Leámosla nuevamente con atención:
“He de ponerme a hacer algo cuanto antes: de nuevo mi corazón empieza a devorarse a sí mismo”.
Byron se escribe a sí mismo, no olvidemos que el destinatario principal de la lectura de un diario es uno mismo, con un consejo para evitar esa autodestrucción tan puramente byrónica. En una potentísima imagen, consigue transmitir su trágica realidad interior de la manera más poética posible. Byron era pura poesía y lo demostraba incluso en sus escritos más personales.
Si la analizamos, es una frase violentamente íntima: no solo habla de dolor, sino de un dolor que se ha vuelto devorador. Deja de ser algo que le pasa al corazón, ahora el corazón se convierte en el propio motivo de su dolor. Es una especie de canibalismo emocional, una bestia desatada que le devora por dentro. La elección del verbo empieza no es casual: significa el inicio de un proceso autodestructivo donde Byron es plenamente consciente de ello. Sabe que anteriormente ya ha pasado por un estado similar y conoce lo que debe hacer para evitar ese dolor que le corroe por dentro.
Su solución era hacer algo, dedicar su tiempo a otros menesteres que no sean autodestruirse. ¿Y qué podría hacer para ello? Byron era un noble sin oficio conocido fuera de las artes literarias, aunque él nunca se considerase un escritor. Dedicar horas a escribir era su bálsamo personal. A lo que se unió su obsesión constante por su físico hizo que, junto a dietas extremas, se dedicara a la práctica de deportes, en algunas ocasiones tan violentos como el boxeo que practicaba en esta época.
Si pensamos en el arquetipo de hombre byroniano, no creo que pueda haber una frase que refleje mejor que esta que dejó plasmada en su diario, es una definición perfecta sobre el turbulento interior de un hombre atormentado como era Byron.
¿Qué te desgarraba de esa manera por dentro, Byron? ¿Qué hacía que un joven como tú de 26 años en el esplendor de su carrera sienta ese intenso dolor en su corazón?
¿Tendría algo que ver esa dama, de la que en anotaciones posteriores hablabas de tu amor por ella sin sacarla del anonimato?
¿O simplemente eras Byron siendo Byron?
Fuentes:
- Diarios de Lord Byron, traducción, introducción y notas por Lorenzo Luengo. Editorial Galaxia Gutenberg, 2018.
- The Albany in Piccadilly, por Thomas Shepherd, 1830.