La trenza de Josefa, el recuerdo de su paso por Sevilla
Una de las anécdotas de la vida de Byron que más me ha enternecido y que siempre me ha parecido de las más bellas es el regalo que le hizo una joven sevillana, Josefa Beltrán, que se había quedado prendada del joven y apuesto lord inglés y que todavía se conserva en muy buen estado desde entonces. Byron ya había emprendido su atípico Grand Tour que le trajo a tierras mediterráneas en 1809. Su paso por España no sólo coloreó su vida y su imaginación, su obra se vio influenciada por esas tonalidades tan propias y características que nos definen.
En su efímero pero inolvidable paso por Sevilla, Byron se alojó en una casa en la calle Cruces número 19 por consejo del cónsul inglés, hoy conocida por el número 21 de la calle Fabiola. La casa estaba regentada por dos hermanas solteras, Josefa y Teresa Beltrán, que poseían cinco casas más y se las consideraba de “buena condición”. La bella Josefa, que era la mayor, estaba en relaciones con un oficial del ejército español. Pero eso no fue un obstáculo para que cayera rendida ante Byron. El magnetismo personal del poeta era tal que fascinó a la joven Josefa llegando a invitarle a sus aposentos privados. Una osadía para una muchacha decimonónica que recibió una inesperada negativa. Pero dejemos que sea el propio Byron, quien en una carta a su madre describiendo su periplo por España, nos cuente de primera mano esta curiosa historia.
—Sevilla es una hermosa ciudad, aunque las calles son estrechas están limpias, nos alojamos en casa de dos señoras españolas solteras, que son dueñas de seis casas en Sevilla, y me dieron una muestra muy curiosa de las costumbres españolas. —Son mujeres de carácter y la mayor es una hermosa dama, la más joven es bonita pero no de tan buen tipo como Doña Josefa, la libertad de que gozan las mujeres que aquí es algo generalizado me asombro no poco, y ulteriores pesquisas me llevaron a deducir que el recato no es precisamente la característica distintiva de las belles españolas, que son en general muy guapas, con grandes ojos negros, y formas esculturales. — La mayor tuvo a bien honrar al indigno hijo de usted con muy particulares atenciones, abrazándole y besándole tiernamente cuando llegó la hora de partir (solo estuve allí días) tras cortarle un mechón del pelo, & obsequiarle con uno propio de tres pies de largo, que le envío, y ruego guarde hasta mi vuelta. —Sus últimas palabras fueron «Adio tu hermoso! me gusto mucho». —Me ofreció compartir sus aposentos, ofrecimiento que mi virtud me indujo a declinar, se echó a reír y me dijo que seguro que tenía alguna «Amante» inglesa, añadiendo que estaba prometida e iba a casarse con un oficial del ejército español. Carta a Catherine Gordon Byron, 11 de agosto de 1809
¿No hay algo que llama la poderosamente atención en su histórica carta? Byron, contradiciendo su propia fama de libertino, rechaza a la joven alegando que su propia virtud se lo impide. Puede que al ser una carta dirigida a su madre de un joven de 21 años estuviera un poco adornada con aquello que la madre tenía que leer. En ocasiones la fama del personaje devora a la persona y leer de primera mano que declinó amablemente una propuesta de tal calibre es bastante llamativo. En mi opinión, no aceptó la atrevida proposición simplemente porque era una joven comprometida nada menos que con un oficial del ejercito y Byron era un hombre de honor.
Su amigo Hobhouse nos aporta un poco de información sobre la cuestión, aunque tampoco nos aclara mucho: «después de besar a la patrona y a su hermana, una de las cuales le preguntó a lord Byron por qué no había acudido a su lecho a las dos de la madrugada, de acuerdo con la invitación». Sucediera lo que sucediese, lo que sí es una realidad es que Doña Josefa se cortó su larga trenza en la despedida del joven lord de la bella ciudad el 28 de julio.
Imagina por unos instantes a la joven cortándose con unas tijeras o con el filo de algún cuchillo esa larga trenza tan característica en ella. Su esfuerzo por cortar esa frondosa coleta se vería reflejado en el emocionado rostro que se estaba despidiendo de años de paciencia hasta lograr tal longitud. Byron mientras la observaba, quedaba asombrado y fascinado por el momento que estaba viviendo, unas sensaciones que nunca olvidaría. Una especie de sacrificio que aceptó de buen grado, a cambio de un mechón propio que le cortó la propia Josefa. Byron se llevó consigo la trenza durante el resto de su atípico Grand Tour por el Mediterráneo. Cuatro meses después de custodiarla personalmente con mucho cuidado, se la envió a su madre junto al resto de su correspondencia en el mes de octubre.
Por fortuna, la trenza llegó a Inglaterra sana y salva y se ha conservado perfectamente hasta nuestros días. Es un larga coleta rizada de color cobrizo, muy densa, aunque en los escritos de la época se describe como castaña. Puede que el tiempo haya oxidado la cabellera y que hoy en día nos haga imaginar una bella sevillana pelirroja. A partir de la muerte del poeta en 1824, formó parte del archivo personal de John Murray, el editor de la obra escrita de Lord Byron. Sin embargo, los Murray estuvieron muchos años creyendo que esa trenza perteneció a la dulce Teresa Guiccioli. Tuvo que ser Esteban Pujals, uno de los autores imprescindibles para conocer a Byron en español, el que otorgara la correcta procedencia de la trenza.
La famosa mata de pelo de la señorita Josefa Beltrán existe: una desafiante cabellera de color castaño claro, de unos cuatro palmos, propiedad de la editorial Murray de Londres. Esta maravillosa reliquia se creía que era de la condesa Teresa Guiccioli, la amante de Byron en sus años de Italia. Durante la primavera de 1948, John Murray (VI), descendiente del histórico editor de las obras de Byron, me la mostró, diciéndome que era de la condesa italiana. Yo le expuse que, por la descripción que Byron hacía en la carta a su madre, la cabellera tenía —casi forzosamente— que ser de Josefa Beltrán. Mr. Murray me aseguró que era de Teresa, a pesar de que yo insistí en que Byron había
escrito que Teresa era «rubia como la aurora». Así en mi libro Espronceda y Lord Byron. Madrid, CSIC, 1951, 1972, me atuve contra toda lógica al testimonio del editor londinense. Sin embargo, la evidencia no podía dejar de aflorar. Y en la cuidada exposición byroniana que tuvo lugar en el Victoria and Albert Museum de Londres, en 1974, en ocasión del ciento cincuenta aniversario de la muerte del poeta, la mata de pelo a que nos referimos apareció ya definitivamente asignada a la bella y atrevida andaluza Josefa Beltrán, en cuya casa de Sevilla lord Byron se hospedó los días 25-28 de julio de 1809. Lord Byron en España, E. Pujals.
Uno de los tesoros byronianos que poseo es el catálogo de ese histórico acontecimiento que fue la exposición del Victoria & Albert Museum en 1974 de la que nos habla Pujals. Conmemoraba el 150 aniversario de la muerte del poeta y tuvo que ser una soberbia y única experiencia ver reunidas todas esas joyas byronianas en ese marco incomparable. Sin embargo, aunque hubiera sido una apropiada ocasión, no tuvieron a bien incluir ninguna fotografía de la ya famosa trenza.
Afortunadamente, podemos admirar esta reliquia byroniana en una fotografía a color que nuestra ilustradora encontró en las vastas profundidades de internet. Hoy en día la ya prácticamente deshecha trenza, junto al resto de reliquias byronianas del archivo Murray, se encuentra físicamente en Escocia, formando parte de la colección que adquirió la Biblioteca Nacional de Escocia hace 20 años para su preservación, poniéndolo a disposición de todo aquel que quiera consultarlo.
Josefa siguió en el recuerdo de Byron durante toda su vida, dedicándole una historia en prosa que escribió años más tarde en Venecia: trata de su propio divorcio contado a través de un noble andaluz y su amante Doña Josefa. Thomas Moore, poeta y amigo íntimo de Byron, publicó un extracto de este relato en su Vida de Lord Byron. Hobhouse por su parte, corroboró que el relato estaba basado en las experiencias del propio Byron.
La trenza es el amoroso recuerdo de una historia que pudo ser y que no fue entre un joven apuesto poeta y una bella sevillana ya comprometida. Byron murió joven en Grecia mientras que Josefa envejeció en su Sevilla natal, pero su cabellera sigue observando intacta el paso ineludible del tiempo desde el sobre original del editor, donde se sigue conservando hoy en día.
Fuentes:
- Fotografía de la trenza de Josefa
- Cartas y poesías mediterráneas, George Gordon Byron. Traducción de Agustín Coletes Blanco. Editorial KRK
- Ilustración de Lord Byron y el “adiós” más dulce en Sevilla, por Ángeles Batista
- Byron en España, E. Pujals, editorial Alhambra, 1982.