Ilustración de Byron sosteniendo en modo brindis su famosa copa cráneo.
Ilustración original de Ángeles Batista.

Los cumpleaños de Lord Byron.

A finales del siglo XVIII y comienzos del XIX los cumpleaños se limitaban a ser reuniones familiares o con amigos cercanos. Se solía organizar una cena especial, con platos algo más elaborados de lo habitual y los regalos eran simbólicos: libros, flores o cartas.

La celebración tenía un carácter más reflexivo que festivo: se escribían diarios, se repasaban los logros del año o se meditaba sobre el paso del tiempo.

En las clases altas se podían organizar pequeños recitales, lecturas en voz alta o interpretaciones musicales.

No existen registros detallados de grandes celebraciones de cumpleaños de Byron. Su carácter melancólico y su tendencia a la introspección hacían que viviera la fecha con otra perspectiva. A través de sus diarios y correspondencia podemos conocer que entorno a esa fecha solía escribir acerca del paso del tiempo, sus inquietudes personales, sus proyectos literarios y su sensación de destino fatal, muy propia del Romanticismo. La idea que podemos sacar es que, para él, un cumpleaños era más un recordatorio de su mortalidad que un motivo de celebración.

Si bien es cierto que no organizaba grandes fiestas, sí participaba en cenas con amigos cercanos, especialmente durante sus años en Londres, cuando era una celebridad literaria, donde mantenía animadas conversaciones en las que brillaba por su ingenio y humor ácido e improvisaba lecturas o recitales, ya que disfrutaba escuchando y compartiendo poesía.

Byron era sociable, pero selectivo: prefería grupos pequeños y personas que lo estimularan intelectualmente.

Durante sus años de viajes por el Mediterráneo – España, Malta, Albania, Turquía, Grecia- pasó varios cumpleaños en ruta. Debido a que Byron disfrutaba especialmente de las culturas extranjeras, posiblemente, estas celebraciones dependieron del anfitrión local o del ambiente cultural del lugar en las que se incluirían banquetes tradicionales, música regional o costumbres locales.

Anécdotas

Hay una anécdota especialmente “Byroniana” relacionada con uno de sus cumpleaños, se trata de un episodio que muestra perfectamente su carácter excéntrico y teatral.

El 22 de enero de 1814, cuando Byron cumplió 26 años, se encontraba en uno de los momentos más turbulentos de su vida: su fama desprestigiada, deudas, amores complicados y una creciente sensación de fatalidad.

Ese año dejó escrito en su diario que, en lugar de organizar una cena y reunirse con amigos, decidió pasar el día “como si fuera un funeral”: No recibir visitas, no aceptar regalos, no salir de su habitación, pasar el día escribiendo y leyendo cartas antiguas y reflexionar sobre el paso del tiempo y su propia mortalidad, como “un recordatorio anual de que la tragedia avanza”, algo muy típico del Romanticismo.

En sus notas menciona que pasó el día a oscuras, con las cortinas cerradas, escribiendo a la luz de unas pocas velas. Un acto muy característico del poeta, ya que Byron tenía inclinación por crear atmósferas dramáticas .

Otra de sus anécdotas se refiere a una calavera que transformó en copa

Cuando Byron heredó Newstead Abbey, su mansión familiar, descubrió una calavera humana en sus terrenos. En lugar de volver a enterrarla, decidió mandar pulirla y montarla en un soporte de plata como copa.

Escribió un poema para acompañarla, grabado en el propio cráneo, donde la calavera reflexiona sobre la fugacidad de la vida, el placer y la inutilidad del cuerpo tras la muerte.

“Yo viví, amé y bebí con placer, como tú
Y ahora estoy muerto: que la tierra renuncie a mis huesos
Lléname, no puedes ofenderme
Pues el gusano tiene labios aún más viles
Mejor es sostener la copa que la tierra reclame mis huesos” Lines inscribed upon a cup formed from a skull

Aunque no existe constancia de que Byron usara la calavera en un cumpleaños concreto, sí sabemos que la convirtió en protagonista de varias veladas íntimas, y que él mismo asociaba a momentos de reflexión personal, como sus cumpleaños que, como hemos dicho, solía vivir con un tono sombrío y filosófico.

  • Ilustración original de Ángeles Batista.
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Escrito por Victoria Letraherida

Alma del siglo XIX atrapada en el XXI. Espíritu romántico y eterna enamorada de Byron.